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Casa

Biografías lingüísticas

Hay historias y anécdotas que se cuentan una y otra vez en todas las celebraciones familiares, hasta que forman parte de la historia familiar. Siempre habrá quien se encargue de que los y las pequeñas las escuchen, para que no se pierdan con el paso de los años. Parece como si el propio hecho de contar tuviera un poder terapéutico: las historias dolorosas se llevan mejor si se transforman en palabras y las alegres son todavía más alegres si se comparten.

También los idiomas cuentan la historia de las familias: ¿cuántos y qué idiomas aprendimos de pequeñas? Y en la escuela, ¿en qué lengua estudiamos? ¿Por qué fuimos a la gau-eskola? ¿Por qué los abuelos no enseñaron la lengua que aprendieron de pequeños a sus hijas e hijos? ¿Qué experiencias cuentan los familiares que transmitieron a la siguiente generación su lengua en un entorno en el que no había más hablantes? Cada persona tiene sus preguntas y sus respuestas, cada persona tiene su historia lingüística. Algunos relatos son como arroyos tranquilos, otros son ríos llenos de saltos y bifurcaciones. Todos son valiosos y todos merecen ser contados.

Cada vez nos relacionamos más con personas de diferentes lugares y cada vez son más las personas que viven en un lugar distinto del que nacieron. Por eso, cada vez son más ricas las biografías lingüísticas que podemos escuchar en nuestro entorno.

El proceso de recuperación del euskera ha hecho que de los relatos dolorosos de pérdida se vaya dando paso a biografías lingüísticas llenas de ilusión por el aprendizaje del euskera, tanto en edad adulta como en edad infantil. En cualquier caso, las niñas y niños de hoy se merecen escuchar las historias lingüísticas que les rodean, las de la propia familia y las de otras, para entender mejor las circunstancias del resto de hablantes y valorar el proceso de aprendizaje del que son protagonistas.

 

Sarai: » Yo nací en León. La familia de mi padre no sabe euskera, pero la de mi madre sí. Yo haur baten marrazkia: etxea, ibaia eta mendiakaprendí en la escuela cuando vinimos aquí. Ahora en casa hablamos en castellano y en euskera. Cuando vamos de vacaciones con mis primos hablamos más en euskera. A mi padre le gusta mucho que aprenda euskera, él empezó a aprender pero lo dejó cuando cambió de trabajo. Con unas amigas hablo en castellano y con otras en euskera. Las canciones que más me gustan son las que están en euskera.»

 

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