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Los ritos en torno a Olentzero

Aunque las celebraciones comienzan con las calabazas y “txinurris” del día de ánimas, el equinoccio marca la celebración más esperada del ciclo de invierno: los ritos en torno a Olentzero.

En origen, Olentzero surgió de la personificación del tronco de Navidad o sukila, que se intentaba mantener encendido desde la víspera de Navidad hasta el año nuevo confiando en su capacidad protectora. Olentzero se representaba con muñecos de muy diversas formas, la mayoría con características grotescas o que pretendían dar miedo a las más pequeñas y pequeños.

Como tantos otros ritos, Olentzero ha ido cambiando con las nuevas costumbres sociales. Ahora compramos regalos en vez de hacer cuestaciones casa por casa o salimos a las kalejiras organizadas en vez de juntarnos en el barrio o con la cuadrilla para hacer la representación de Olentzero que en cada caso se nos ocurra.

Pero seguimos sintiendo la necesidad de renovar nuestros deseos y buenas intenciones junto con el nuevo año. Una buena forma de hacerlo es seguir la costumbre guardada en Urdiain y que antes era común a otras muchas zonas de Navarra (Baztan, Basaburua, Imotz, Larraun, Arakil…). Con las campanadas de las doce de la última noche del año se recoge agua de la fuente de la plaza, se ofrece a las personas presentes y se cantan las coplas “ur goiena, ur barrena”.  El testimonio recogido en 1972 en “Navarra cuatro estaciones” y la grabación hecha en 2016 muestran la evolución de esta costumbre mantenida en el pueblo de Sakana.

Si queréis aprender alguna de las coplas con vuestros hijos e hijas, podéis descargaros la letra y practicar con la versión de Olatz Zugasti.

Y para seguir oyendo música navideña os proponemos el nuevo disco de Igelaren Banda “Ur berri, urte berri