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La dieta saludable del euskera: en la base el habla coloquial.

Al afirmar que somos lo que comemos, no solo nos referimos a los alimentos que nos llevamos a la boca. En el caso de los idiomas, por ejemplo, ingerimos “nutrientes” en otros formatos: todo lo que leemos y escuchamos se convierte en parte de nuestra forma de hablar y comunicarnos, y se asientan nuestro vocabulario y nuestras estructuras lingüísticas.

Aunque lo hagamos de forma inconsciente, variamos continuamente nuestra forma de hablar, según dónde y con quién estemos. No hablamos de la misma manera en el bar entre amigas/os y en una entrevista de trabajo. Asimismo, no escribimos  igual en el grupo de WhatApp familiar para organizar una cena y en una solicitud al ayuntamiento. Por lo tanto, en función del contexto nos expresamos de diferente manera para conseguir nuestro objetivo. El éxito depende de si hemos elegido bien el tono, el tipo de vocabulario, las estructuras gramaticales…. Si no acertamos, corremos el riesgo de parecer pedantes o excesivamente informales, según la situación.

A esas distintas maneras de expresarnos en función del contexto se les llama “registros”. Están los informales (familiar, entre amistades…) y los formales (académico, laboral…), y el conjunto de registros forman el “repertorio”. Se puede decir que los registros son los grupos de alimentos (vegetales, lácteos, cereales…) y el repertorio, en cambio, la dieta de cada persona.

Para una dieta sana, las reglas de oro son la variedad y una  base de la pirámide nutricional basada en vegetales, frutas, cereales y legumbres. En el proceso de aprendizaje del euskera también hay reglas de oro. Por una parte, los niños/as necesitan un repertorio variado con formas de comunicarse de todo tipo (coloquial, académico, argot juvenil…) para poder ir construyendo una dieta lingüística sana y comunicarse de manera apropiada en cada situación. Por otra parte, necesitan que en la base se encuentre el lenguaje oral coloquial, el que predomina en las relaciones no formales del día a día.

El euskera informal, sobre todo su forma oral, se aprende en las actividades de tiempo libre, en campamentos, en los diálogos de películas y dibujos animados o practicando con las amigas y amigos en los ambientes más informales de la escuela: el patio y el comedor,  ya que cada registro se aprende usándolo en el ámbito y en el ambiente que le es natural.

Al igual que los niños/as no pueden crecer bien solamente a base de una clase de alimentos, para poder comunicarse en euskera adecuadamente en cualquier situación, necesitan registros más allá del académico. Como en el tema de la dieta alimenticia, las familias, sea cual sea su situación lingüística, pueden hacer mucho para conseguir “la dieta saludable del euskera” y ERA les acompaña en esa labor acercándoles recursos.