Durante las últimas décadas, el sistema educativo del modelo D ha sido uno de los principales instrumentos de transmisión y normalización del euskera.
A día de hoy, este modelo es testigo de una realidad social más y más diversa. Entre las familias del modelo D, además del euskera, se puede encontrar una gran variedad de lenguas y culturas. Todo ello ofrece la oportunidad de trabajar la interculturalidad.
Tal como destaca Amelia Barquin en la III. edición de la Escuela online para padres y madres, resulta importante poner en valor todas las lenguas. Cuando nuestros hijos e hijas sienten que su propia lengua es respetada y valorada, desarrollan una mayor motivación e interés para aprender otras. La conexión que se crea mediante la conversación entre lenguas es la base de la interculturalidad. No se trata de anteponer un idioma sobre otro, sino de aprovechar la oportunidad de enriquecerse mutuamente.
La diversidad lingüística se puede trabajar a través de una experiencia pedagógica. La presencia del árabe, kurdo o rumano despierta la curiosidad y ofrece la oportunidad de profundizar en el respeto hacia ellas. De esta manera, el uso y la transmisión del euskera se convierte en un instrumento de promoción de valores interculturales. La integración de las lenguas genera un entorno próspero, ya que el alumnado es capaz de transferir lo aprendido a cada idioma.
Asimismo, cada vez son más las actividades inclusivas desarrolladas en los centros educativos del modelo D que incorporan diversas lenguas del alumnado. Prácticas como contar cuentos, realizar juegos lingüísticos o compartir expresiones, demuestran que el euskera no es sólo una lengua de enseñanza, sino un camino para conocerse y consolidar la convivencia.
Tal y como exponen diversas familias, el modelo D ofrece un espacio para la construcción de una comunidad lingüística plural.
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